
Como todo en esta vida, cuando las cosas marchan es muy fácil seguir. En cambio, cuando las paras cuesta rearrancar. Es por eso que desde hace 3 años intento que este molino lleno de gustos disgustos, color y tonos sepia, no deje de girar, pero no paro de fallar en el intento. No es sólo por la falta de un tiempo libre específico en el que escribir, sino también por una falta de costumbre en la escritura reflexiva y creativa, cuyo grifo ahora mismo solo gotea un máximo de 140 caracteres para el pájaro, o frases ingeniosas para el libro social (que son cortos y dicho sea de paso, algo agradecidos).
No obstante quiero conseguir que sobre este arrecife que alberga los cadáveres de mis antiguos corales, crezca una nueva generación de pequeños pólipos, coloridos, llamativos brillantes, quizás con pequeñas calvas, o quizas a veces ennegrecidos oscuros y sombrios, pero al fin, mi propia montañita.
Sean bienvenidos pues a mi nueva capa de arrecife.
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